Aquelarre, y particularmente su suplemento Rinascita, son posiblemente el recuerdo más lejano que tengo de haber querido llevar a un juego de rol los increíbles viajes de Marco Polo. Hace ya de esto la friolera de 15 o 16 años.

El desencadenante de esta idea es la aventura larga (o campaña corta) Affer Surat, que llevaba a los aventureros a recorrer el Sáhara en busca de la mítica ciudad de Tombuctú.

El módulo me pareció increíble al leerlo, pero excesivamente lineal las veces que lo dirijí. Puede que se tratara de mi escasa experiencia como máster, pero siempre pensé que necesitaba algo más para que este tipo de campañas fueran algo más que llevar de la mano a los jugadores por territorios exóticos.

Espero cubrir esa laguna con la nueva edición de Samarkanda.

Aprovecho estas líneas para desear la mejor suerte a Ricard Ibañez, Antonio Polo y al equipo de No Solo Rol, en su próxima edición de Aquelarre.

Nota: Qué grande aquel autoretrato onírico de Durero con el que Arnal Ballester nos obsqequió la portada del Rinascita.

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